Los maizales crecían de una forma un tanto irregular y sospechosa en aquel campo enmedio de ninguna parte. Para llegar allí tuvimos que coger cuatro comarcales y tres desvíos en pleno desierto de Nevada. Parecía que habían surgido del árido terreno espontáneamente, y se esparcían comunicados entre sí por unos caminos de tierra bastante mal acabados y polvorientos. Varios carteles nos guiaban hacia cada uno de los campos: Dow Jones, SP, Nasdaq, Dax, Cac…, nos internamos en el Ibex por aquello de que más vale malo conocido…
El lugar daba bastante canguelo, no sólo por el recuerdo de la peli “Los chicos del maiz”, sino por los carteles con los que tropezábamos al cruzar los bancales. Empezaba en el 16000, y poco a poco fuimos pasando otros niveles, el 13000…, el 10000…, el 8000…, hasta llegar al otro extremo de uno de estos extraños sembrados, el punto exacto que marcaba era el 7400. ¿Y qué había más allá?… Esperábamos encontrar a unos fantasmagóricos campesinos dándole caña al surco y al calimocho de forma compulsiva, pero no, en su lugar había unos cientos de tumbas vacías excavadas en el terreno y en los laterales varios camiones cisterna estacionados con los nombres de conocidos brokers y casas de análisis pegados en los costados.
Los debían regar con coca-cola, porque no se explica aquella vegetación donde dos días antes no había otra cosa que matorral silvestre. Los cuidadores de aquellas plantas, así como los que las plantaron encontraron beneficio por su calculado trabajo, sin embargo, los pringaos como nosotros que nos acercamos a husmear tan extraño suceso, fuimos sorprendidos por aquellos seres nocturnos.

Me giré y puede contemplar los destellos que desprendían los filos de las hoces. Las movían acompasadamente de lado a lado, y podía escucharse con nitidez el sonido que producían al cortar la suave brisa con ímpetu. Scully no llegó a girarse por completo. Se quedó inmóvil mirándome.
- Scully… – la llamé.
- ¿Si?
- …¡¡¡Corre!!!
LA VERDAD ESTÁ AHÍ FUERA. LLEGA LA SIEGA.








